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INFORME ESPECIAL

Por su bajo costo, las travestis se inyectan silicona tóxica

Cuesta diez veces menos que la intervención en una clínica con las prótesis legales. Pero conlleva un alto riesgo para la salud. Las protagonistas, especialistas y organizaciones alertan sobre los peligros y denuncian falta de intervención estatal.

En esta época en que la imagen es una prioridad para miles de personas, la obsesión por verse bien y sentirse cómodo con el cuerpo alimenta el millonario negocio de las cirugías estéticas. Pero, debido a los altos costos, algunos sectores que no pueden acceder a ellas optan por riesgosas prácticas alternativas, realizadas en lugares clandestinos por personas no profesionales.

Una decisión que puede costar la vida.
La silicona industrial es un polímero inodoro e incoloro. En su forma líquida, se utiliza para lubricantes, adhesivos e impermeabilizantes. Como cualquier agente externo, al ser inyectado en el cuerpo puede causar rechazo, infecciones y derivar hacia otras partes con graves complicaciones para la salud.

Las travestis conforman la población de riesgo más propensa a recurrir a este tipo de intervenciones. Según las asociaciones consultadas, casi un 90 por ciento se dedica a la prostitución, y se estima que, solo en Capital Federal y el Gran Buenos Aires, hay unas 15 mil trabajadoras sexuales. En La Matanza, el número asciende a dos mil. En estos casos, la necesidad de la transformación del cuerpo se traduce en un mayor caudal de clientes. Sin embargo, la necesidad de alcanzar, en lo estético, la figura y la identidad buscadas, aun cuando no se tienen los suficientes recursos, es lo que las lleva a estas peligrosas prácticas. Y el saldo de esta situación, según denuncian las propias damnificadas, son las secuelas irrecuperables y hasta la vida misma.

Consultado por uno, Luis Eizaguirre, secretario de Salud municipal, no esquiva el tema: “Las travestis con menores posibilidades económicas para pagar una operación estética recurren a estas intervenciones que se desarrollan normalmente en forma muy precaria y, en algunos casos, ellas mismas se aplican las inyecciones”.

Lo barato sale caro
La intervención más requerida en el mundo de las travestis es el implante mamario, una operación que, en condiciones seguras, se cobra alrededor de 4 mil pesos. Las prótesis de silicona utilizadas por los médicos, testeadas y aprobadas por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología médica (ANMAT) cuestan entre 500 y 800 dólares. La opción para quienes no tienen recursos son las inyecciones de silicona industrial o “aceite de avión” que se cobran entre 200 y 400 pesos. No obstante, esta alternativa puede significar, como sucede en la mayoría de los casos, graves complicaciones para la salud e, incluso, la muerte.

El procedimiento es, en mayor o menor medida, siempre el mismo. Se realiza en domicilios particulares, que se divulgan por el boca a boca. Por medio de una jeringa, se inyecta el agente químico y se moldea su ubicación dentro del cuerpo, con fajas y elásticos, de manera tal que se pueda crear el contorno femenino buscado. Lo usan tanto para agrandarse el busto y la cola como para “redondear” boca, mentón y hombros. Finalmente, con un reposo que puede durar varios días, el aceite se estabiliza, aunque, a veces, no ocurre así.

El cirujano plástico Carlos Avico, explica que “consiguen los tarros con aceite industrial y rellenan el espacio retromamario, o cualquier punto, aplicándose inyecciones”. Por su parte, el psicólogo Jorge Raíces Montero cuestiona también las condiciones en las que se realizan estas aplicaciones: “No hay hábitos higiénicos marcados ni bioseguridad y no se usan guantes. Entonces, aparecen muchas patologías generadas por estas prácticas”.

El peligro existe en todo momento, y ellas lo saben, como argumenta Vanessa Show (ver: “Todos conocen este tema...”) o Diana Sacayán, referente de la comunidad travesti de La Matanza, quien recuerda la historia de otra Vanesa: “Se le infiltró la silicona en un pulmón y le produjo una infección”. Tras diez años de lucha y padecimientos, cuenta Diana, “murió en el Hospital Paroissien”. “Sería importante que el Estado empezara a regular estas metodologías para que otros casos no terminen como el de Vanesa”, reclama Diana.

Aunque parezca extraído de una película futurista, estas intervenciones son una realidad para muchas personas que, por falta de recursos, información o simplemente porque no encuentran otra opción, ponen en riesgo su salud y su vida.



“No podía pagar la operación común”

Johana, al igual que muchas travestis, tenía la necesidad de transformar su cuerpo y hacerlo más acorde con lo que ella sentía ser. El costo de las cirugías tradicionales y algunas experiencias personales precipitaron la decisión de recurrir a las prácticas clandestinas. Por medio de algunas travestis amigas, dio con una persona que se dedicaba a estas prácticas y que ya había atendido a otras, aun conociendo los riesgos de la intervención: “Yo soy consciente del peligro porque es algo que el cuerpo no necesita. Pero, en ese tiempo, me salió 300 pesos y nunca hubiera podido pagar un implante en una clínica”, justifica.

Pero, como en otros casos, la intervención ya empezó a tener efectos secundarios: “La silicona se fue corriendo y, hoy, si me tienen que hacer una ecografía renal, no se puede, pues el riñón no se ve porque la silicona lo tapa. Además –agregó- cuando hace frío, me duele todo alrededor de la zona en la que se inyectó y pareciera como si se endureciera. Creo que es normal”.






COLUMNA DE OPINIÓN

“Todos conocen este tema pero nadie hace nada”

Por Vanessa Show
Primera travesti vedette de Argentina

Esta no es una práctica reciente ni exclusiva de Argentina: yo viví 17 años en París y allí se usaba tanto en los '70s como a principios de los '80s. Pero lo cierto es que, tiempo después, aparecen muertas como moscas.

El destino quiso que no me pasara por ser una persona famosa, y tengo la suerte de haberme podido atender siempre con médicos privados sin tener que recurrir a hospitales. Pero, siempre que me consultan, digo que es peligroso.

La razón principal de esta elección es un tema económico: Una operación de senos bien hecha sale miles de pesos; en cambio este tipo de cirugías, hechas con el descarte de la silicona, es mucho más barato.

Sin embargo, hay otros factores que también facilitan que esto ocurra. Uno de ellos es que el aceite se consigue fácilmente. La discriminación también influye. Los médicos que están al tanto de esto y no hacen nada, y también las autoridades que tampoco participan.

Todos saben que estas prácticas están causando muertes.

La solución es que haya más educación, porque la mayoría de las que recurren a este tipo de intervenciones son gente humilde que sufre el rechazo de la sociedad y que no consiguen trabajo. Con las inyecciones, modelan su cuerpo, pero no sirve si es a riesgo de la salud y de la vida, porque la salud no tiene precio.




LAS MOTIVACIONES QUE LLEVAN A ARRIESGAR LA VIDA
La búsqueda del estereotipo

La desesperación, lo rápido de la intervención y el mayor ingreso que genera para las trabajadoras sexuales, son otras de las causas.

Golpeadas, echadas de sus hogares, con la angustia de sentirse en un cuerpo equivocado y la dificultad de encontrar un trabajo que las saque de los peligros de la calle, muchas travestis recurren a la aplicación de inyecciones de silicona industrial para modelar su cuerpo.

Para el psicólogo clínico del Hospital Durand, Jorge Raíces Montero, volcado desde hace décadas a la asistencia de estas problemáticas a partir de un convenio firmado con la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), “no miden las consecuencias de lo que están haciendo porque están jugadas”, y así arriesgan no solo la salud corporal, sino también “la psiquis”.

Sin prevención
En la búsqueda de una figura más femenina, Raíces Montero sostiene que “las travestis se realizan estas intervenciones porque van detrás de un estereotipo”. Así, precisa, se volvió “una práctica habitual que se realiza en cualquier parte del cuerpo”, como en pechos, cara, boca, nalgas, piernas y hasta brazos, todo con el mismo aceite”.
En tanto, July Romero, representante de la Asociación Travestis, Transexuales y Transgéneros Argentinas (ATTTA), destaca que “es la forma más rápida y económica de acceder a un mejor cuerpo, con el que te cotizás más en la calle, por eso es como una inversión”.

Asimismo, Romero afirma que, como “no hay corte, aunque sea bastante dolorosa la aplicación, el postoperatorio no es el mismo que en una cirugía convencional”. No obstante, resaltó, “los resultados no son nunca los esperados. Es mucha la cantidad de inyecciones que se requieren, además del dolor físico, lo cual se suma al padecimiento psíquico. Por eso, uno se pregunta ¿cómo aguantan tanto dolor?”.

Romero no puede evitar un análisis psicológico y apunta que “va más allá de lo que hacen hoy, la pregunta es por qué fueron expulsadas de su entorno, no por el enemigo sino por la gente que, supuestamente, las ama”. Romero indica que, solas, “su verdadera familia es la que luego adquieren por elección”.

¿Sin salida?
A partir de su experiencia, Raíces Montero considera que “no hay que educar a las travestis, sino a la gente en general”, y fundamenta su opinión en que, por un lado, “hay cierto sector de la sociedad que no solo no las acepta sino que, directamente, dice que esto no existe”; y, por el otro, “está la parte psicótica, que son los que no las aceptan pero las consumen”.

Para que no haya más muertes por estas intervenciones, el psicólogo sostiene que, “primero, hay que tomar conciencia de que esto es una realidad contundente que existe, que tenemos que dar las oportunidades de educación, de contención, de afecto, de salud.

No es que vayamos a otorgarles un derecho, es un derecho que ya tienen y que debemos respetar, y se lo estamos negando cuando no las recibimos en un hospital o, simplemente, cuando una vecina da vuelta la cara al cruzarlas en una vereda”.
Además, Romero considera que esta situación podrá revertirse en tanto “haya información y ellas también se valoren a sí mismas”.




MAL Y JÓVENES POR LA DIVERSIDAD
Dos asociaciones en La Matanza
reclaman por la no discriminación


Explican que el cambio físico es parte de un proceso de transformación necesario y coinciden en la falta de políticas de salud pública.

El activismo es una forma de contrarrestar la debilidad de la soledad frente a un determinado problema. En este caso, varias agrupaciones buscan, con la unión, reparar una actitud que sienten represora frente a la opción de un cambio de género. A pesar del rechazo y de la denigración que implica salir en defensa de una causa de por sí discriminada, hay varias asociaciones que se vuelcan a la defensa de las minorías sexuales en La Matanza.

Diana Sacayán es coordinadora del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL) de Laferrere y considera que las inyecciones de silicona industrial son “la única alternativa”, aunque se apliquen en “condiciones deplorables de higiene”.

“La transformación corporal es parte del proceso que tiene que hacer una persona travesti para adecuar su cuerpo a la identidad en la que se siente reconocida”, sentencia y critica que las cirugías estéticas no sean accesibles para todas. “En La Matanza, la mayoría de los casos que conozco tienen los pechos hechos a través de inyecciones”, agrega.

Tras negar que sea una preferencia provocada por las mismas travestis, reclama que “hay una desatención por parte de las instituciones de salud y faltan políticas que tendrían que desarrollarse desde el Estado”.

Según Diana, no todas conocen el riesgo que genera este tipo de intervenciones: “Hay un grupo que no sabe y hay otro que sí, pero que lo hace igual porque tienen una necesidad de armonizar su cuerpo hacia lo más femenino. Y en esa búsqueda, aceptan correr con los riesgos”.

En tanto, Darío Arias, líder de la organización Jóvenes por la Diversidad, en diálogo con uno, consideró que, en La Matanza, el sector de travestis y transexuales es el que actualmente padece los mayores niveles de discriminación. “Esto se debe a que tienen que pasar por el proceso de asumir su identidad y también de mostrar lo que son, cuando hay una sociedad que discrimina y que es muy agresiva con las cuestiones de la diversidad en general”, critica.

Para Arias, el proceso de transformación que sufren “empieza con asumirse y eso implica convertir el cuerpo en el sexo que uno elige. Pero la mayoría de las travestis de La Matanza son de sectores pobres y vulnerables, y muchas tienen que recurrir a estos métodos que son terribles”.

Tras admitir que algunas sí conocen los riesgos, manifiesta que, “una persona que es varón, que se siente mujer y quiere empezar un tratamiento para serlo, se encuentra con un montón de barreras. De hecho, hoy, la salud pública no brinda esa posibilidad, no existe esa prestación”, concluye.




CARLOS AVICO, CIRUJANO DEL HOSPITAL GERMANI
“Estas intervenciones nunca funcionan”

En el Hospital de Laferrere funciona un área destinada a la cirugía reconstructiva y reparadora. Accidentes, malformaciones congénitas, quemaduras y secuelas de intervenciones quirúrgicas son las patologías que atiende el responsable del área, Carlos Avico. “Hemos tenido varios casos por inyecciones de aceite industrial”, relata el cirujano y aclara: “Esta silicona no es médica, por eso estas intervenciones nunca funcionan”.

¿Cómo se realizan estas cirugías?
Lo que normalmente ocurre es que se inyectan entre ellas, por ahí una es la que domina un poquito más la parte médica. En realidad, rellenan cualquier punto de la mama porque no tienen ni idea de la anatomía, tanto en la mama como en la cola. Acá tuve un caso recientemente y no en una travesti, en una mujer que tenía un amigo travesti que se dedicaba a esta actividad, y esta chica, por un motivo económico o de ignorancia, recurrió a él. Tuvimos que operarla, sacarle completamente las glándulas mamarias, por los procesos continuos de inflamación que tuvo por la presencia de un cuerpo extraño.

¿Cuáles son los síntomas para darse cuenta de que el líquido se expandió?
En general, llegan a la guardia del hospital por las complicaciones emanadas de su estado. La piel se les ve violácea, tienen múltiples agujeros productos de la fístula; inclusive, vienen drenando líquido de silicona. Eso se corre y puede llegar hasta el abdomen, porque sigue los recorridos del organismo.

¿En qué condiciones se realizan estos procedimientos?
Se dan en lugares que no están en condiciones. Por ejemplo, yo uso anestesia general, pero ellos no, lo hacen como viene, cargan la jeringa y listo. Es imposible que le den una forma, eso no es un yeso o algo que se les va a solidificar y va a adquirir una forma, es mentira. Esto no puede funcionar bien nunca, porque es una sustancia tóxica. Están usando otros elementos que se utilizan para la refrigeración de un motor de avión o para uso industrial, que tienen los agregados de otros compuestos que son tóxicos.

¿Cuáles son las consecuencias?
Infecciones y hasta la muerte. Hoy, hay menos casos que antes, pienso que la gente está un poquito más informada y consciente de las consecuencias de este tipo de acciones. Obviamente, no todos.

Fecha de Publicación: 2008-07-19
Fuente: 1

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